El pasado 13 de noviembre se llevó a cabo una movilización histórica de la ciudadanía en el corazón de la Ciudad de México y diferentes puntos del país (incluyendo la Zona Norte de Quintana Roo) en contra de la Reforma Electoral propuesta por el presidente Andrés Manuel López Obrador en abril de 2022.
Desde el primer momento, ha generado controversia, pues una Reforma Electoral, con miras al 2024 y con un nivel de popularidad altísimo del Presidente y MORENA, el partido que fundó, no es algo menor. Sin embargo, la conversación y la narrativa ha sido contaminada por agendas políticas de grupos de oposición o extrema derecha, asegurando que este es un paso más para vivir en una “dictadura” o remembrando los años de la hegemonía política del PRI durante el siglo XX.
La Reforma Electoral propuesta por el presidente es extensa y contradictoria. El objetivo en el “mundo ideal” sería revitalizar una institución como el INE a la actualidad, hacerlo más ágil, optimizar sus recursos, incluir en su presupuesto la realización de consultas, de ahí su cambio a INEC (Instituto Nacional Electoral y de Consultas), bajar las cuotas partidistas, reducir el número de diputadas y diputados, y reducir el número de consejer@s electorales de 11 a 7, además que ellas o ellos sean elegidos a través del voto popular… estos puntos son dignos de debate y análisis. No vivimos en el “mundo ideal”, pero el INE no es una institución perfecta y purificadora en la cual no puede existir ninguna evolución.
Todo tiene claroscuros, el tiempo político-electoral y la propuesta (del presidente) vuelven más complicada su discusión a fondo, y la urgencia de los partidos de opositores por capitalizar el malestar social o crear perfiles para las elecciones del 2024 opacan cualquier tipo de discusión objetiva, responsable, realista e inclusiva sobre una reforma que es necesaria, pero amerita ser revisada minuciosamente.
Lamento informarles que la democracia no está en riesgo por esta reforma, la democracia está en riesgo desde hace mucho tiempo, cuando la apatía e indiferencia de un sector privilegiado decidió no involucrarse ante la crisis social y desigual que vive México. La democracia está en riesgo cuando se cree que marchar y darte un “baño de sol” una sola vez en tu vida, o cada diez años, te vuelve parte de una ciudadanía activa y comprometida. La democracia está en riesgo en el momento que una manifestación está llena de actitudes o mensajes que perpetúan el racismo, el clasismo y la violencia, la democracia está en riesgo cuando el Presidente hace menos generar un debate sano en torno a una reforma elemental.
La democracia está en riesgo cuando por ningún lado quieren sumar o entablar puentes de conversación y se dedican a insultar o atacar desde la víscera. Ahí, queridas y queridos, la democracia está en riesgo.




