El proceso electoral de Estados Unidos rumbo a sus elecciones en noviembre de este año sigue dando de qué hablar para toda la región de América del Norte, pues ha tenido cambios considerables en su desarrollo como la renuncia del actual presidente estadounidense, Joe Biden, a la campaña del Partido Demócrata como candidato a la presidencia buscando reelección.
La noticia se presentó de una manera extraña, e inesperada para la propia Casa Blanca, de acuerdo con medios estadounidenses. Pues Joseph Biden había dado positivo a COVID-19, aumentando las especulaciones sobre su salud y la capacidad para realizar una campaña que fuera competitiva frente a Donald Trump.
Con un pronunciamiento por escrito en sus redes sociales, sin foto ni video adjunto, Biden se bajó de la contienda. Y justo cuando trascendía la noticia, el actual presidente estadounidense compartió otro mensaje respaldando a su vicepresidenta Kamala Harris como su sucesora en la contienda electoral del lado demócrata.
Biden, un político hábil con amplia experiencia, quiso ser preciso y no esperar más tiempo de especulaciones sobre la sucesión para establecer la narrativa que Harris es “la única con la capacidad de vencer a Donald Trump en las elecciones de noviembre”.
Automáticamente, el músculo del Partido Demócrata y los líderes más liberales y progresistas estadounidenses compartieron mensajes, fotos y opiniones favorables sobre la vicepresidenta como la indiscutible candidata demócrata.
Kamala Harris es una abogada, fiscal de California, altamente experimentada en el servicio público y vicepresidenta de los Estados Unidos desde 2021 con la administración de Joe Biden. Es una política liberal que habla abiertamente sobre aborto, derechos reproductivos, comunidad LGTBQ+, deuda estudiantil, migración, etc.
De ascendencia india, Kamala Harris sería la primera mujer negra y asiática en ser candidata a la presidencia estadounidense.
Y es que cuenta con todas las cartas credenciales para crear una campaña fortalecida (y renovada) para el ala demócrata frente al aparato político de Donald Trump en busca de su reelección.
Aún así, el capital político de Harris ha tenido un desgaste considerable en esta administración pero su designación como la candidata demócrata le otorga al partido (y al electorado) una vitalidad importante a la campaña que tiene toda la posibilidad de hacer tambalear la elección a los republicanos y a Donald Trump.
Lo que parecía un panorama predecible, el elemento Harris lo vuelve un escenario interesante, especialmente al momento de realizar los próximos debates.
Si Kamala Harris logra establecer una narrativa convincente para votantes jóvenes, comunidades negras y mujeres liberales, elige estratégicamente un compañero (o compañera) de contienda a la vicepresidencia y se fortalece en los estados pivotales (mejor conocidos como “swing states”) puede ser una elección reñida.
Y si fuera así, en Norteamérica habría no una, sino dos presidentas. Con A.




