Escrito por Saira Muñoz
Es complicado, desde la trinchera empresarial, escribir para reconocer los logros de alguien, sobre todo cuando ese reconocimiento es genuino y merecido. Inmediatamente, surgen voces críticas que asumen que hay un interés oculto detrás de cada palabra positiva. Sin embargo, hay momentos en que la realidad no deja margen para la duda: hay personas que destacan mucho más allá de su responsabilidad, y esos esfuerzos merecen ser reconocidos. Hoy me detengo para hablar de lo que ocurrió el pasado domingo 29 de septiembre con nuestra gobernadora en Quintana Roo, Mara Lezama.
En el entorno político, en el círculo rojo de Quintana Roo, y entre los miembros de su gabinete, es bien sabido que Mara Lezama mantiene un ritmo de trabajo incesante. Su agenda diaria ya es agotadora para la mayoría, pero lo que vivió ese domingo fue un ejemplo extraordinario de su entrega y pasión por el estado y su gente. Y, debo decirlo, fue uno de los días más espectaculares de su vida política, un día que marcó no solo su cumpleaños, sino también una intensa jornada de trabajo, en la que quedó claro su compromiso con Quintana Roo y México.
El 29 de septiembre, mientras muchos hubieran aprovechado para celebrar y descansar con la familia, Mara Lezama tenía otro plan. Recibió en gira de trabajo al expresidente Andrés Manuel López Obrador y a la entonces presidenta electa, Claudia Sheinbaum. En medio de la celebración familiar, la gobernadora se enfocó en su deber, combinando estos compromisos con la calidez y alegría de quien festeja un año más de vida. Sin embargo, cuando la mayoría de nosotros ya habríamos cerrado la agenda del día, ella apenas comenzaba.
Esa noche, alrededor de las 11 p.m., nuestra gobernadora se trasladó a Puerto Morelos para presenciar la toma de protesta de Blanca Merari como presidenta municipal. El evento terminó cerca de la 1:30 a.m., pero Mara Lezama no se retiró a descansar. Unas pocas horas después, ya estaba en Isla Mujeres a las 8 de la mañana del lunes 30 de septiembre, acompañando a Atenea Gómez Ricalde en su toma de protesta.
De ahí, la jornada continuó. Se trasladó al municipio de Solidaridad para acompañar a Estefanía Mercado en su asunción como presidenta municipal. Luego, hizo lo mismo en Tulum con Diego Castañón. A las 10 de la noche del mismo lunes, tras más de 36 horas de trabajo continuo, Mara Lezama llegó a Cancún para estar presente en la toma de protesta de Ana Patricia Peralta de la Peña. ¿Y terminó ahí? No.
Poco después de ese evento, viajó a Mérida para acompañar a Joaquín Díaz Mena en su toma de protesta como gobernador de Yucatán. Ya era madrugada del martes 1 de octubre, y nuestra gobernadora aún seguía en pie, cumpliendo con sus responsabilidades. Su presencia constante en estos eventos, su energía inagotable y su disciplina para mantenerse en acción, incluso cuando podría delegar, habla mucho más que cualquier discurso político.
Mara Lezama pudo, como cualquier otro gobernante, haber delegado estos compromisos a su equipo de trabajo, a su secretaria general de gobierno. Pudo haber optado por descansar, por reducir su agenda. Pero no lo hizo. Su mensaje fue claro: el compromiso y la cercanía con la gente es lo primero. Como alguna vez dijo el poeta Virgilio: “El trabajo constante vence todo”.
Esta frase bien podría ser el lema de Mara Lezama. Ella ha demostrado con hechos que su energía y vitalidad están lejos de agotarse, y que su proyecto político no se detiene. Este es un mensaje contundente no solo para Quintana Roo, sino también para el resto del país. En un entorno político en el que muchos buscan el descanso o la oportunidad de delegar responsabilidades, nuestra gobernadora ha decidido liderar con el ejemplo. Ella misma lo ha dicho en más de una ocasión: “El compromiso con la gente es lo que me impulsa cada día”.
Es importante destacar que esta intensidad en su agenda no es algo reciente ni aislado. Desde el inicio de su mandato, Mara Lezama ha mostrado una capacidad de trabajo asombrosa, demostrando que su papel no se limita a la oficina de gobierno, sino que implica estar presente en cada rincón del estado, en contacto directo con las personas.
El hecho de que en estas 48 horas de trabajo ininterrumpido haya viajado de municipio en municipio, de un estado a otro, es prueba de su voluntad por consolidar un liderazgo basado en la cercanía y la acción. Esto adquiere especial relevancia en una era en la que las mujeres lideramos desde distintas trincheras y, a la vez, tenemos el desafío de ejemplificar con nuestro trabajo el valor del liderazgo femenino.
Para mí, como empresaria y mujer, es un orgullo poder decirles a mis hijas que Mara Lezama es un ejemplo de lo que significa ser una mujer trabajadora, una líder incansable, y una referencia para las generaciones que vienen. En este contexto, es difícil no recordar las palabras de Margaret Thatcher, quien alguna vez dijo: “Cualquier mujer que entienda los problemas de llevar una casa estará más cerca de entender los problemas de llevar un país.” Nuestra gobernadora parece entender ambos muy bien.
Desde aquí, mi más profundo reconocimiento a Mara Lezama. Se tenía que decir, y yo lo digo: Felicidades, gobernadora. Quintana Roo tiene la fortuna de contar con una líder que trabaja con intensidad, compromiso y un enfoque inquebrantable. Que este sea solo el inicio de lo mucho que le queda por ofrecer, porque está claro que su futuro, como su liderazgo, va mucho más allá de los próximos tres años.




