Tenemos Presidenta de México, así, con A.
Y es la Doctora Claudia Sheinbaum Pardo.
El momento que se vivió el pasado 1 de octubre en el Congreso de la Unión fue la investidura presidencial más importante de los últimos tiempos.
Han existido tomas de protesta de presidentes que marcan un antes y un después; sucedió con Vicente Fox en el proceso de transición democrática en el año 2000, dónde muchos de los hoy votantes no habían nacido aún. Y pasó con la llegada de la izquierda con Andrés Manuel López Obrador en 2018.
Pero la magnitud de lo vivido este 1 de octubre de 2024 es incomparable tras más de dos cientos años de la conformación de México como Estado-Nación, menos de sesenta años que las mujeres tienen el derecho al voto, con veinticuatro años de vida democrática, en un país donde las brechas de desigualdad entre mujeres y hombres persiste, la violencia machista impera y el sistema patriarcal resiste: ver a una mujer portar la banda presidencial es histórico.
“Madre, abuela, científica y mujer de fe”.
Y a partir de hoy, por voluntad del pueblo de México, la presidenta constitucional de los Estados Unidos Mexicanos”, así concluyó el primer discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum ante millones de mexicanas y mexicanos que la escuchaban atentos a través de diferentes medios de difusión.
Sin caer en los lugares comunes, la Presidenta compartió los principios de su gobierno, reafirmando la continuidad del proyecto de nación que consolidó su antecesor pero siendo más enfática en ciertas áreas, quizá descuidadas anteriormente: proyectos ambientales entorno al acceso al agua para el Valle de México, un plan de inversión para la innovación tecnológica y cultura, o la priorización y creación de programas sociales enfocados de niñas y niños en educación básica y mujeres entre los 60 y 64 años, además de una reforma constitucional para incluir los programas del Bienestar y asegurar su mantenimiento a largo plazo, entre otros.
El proyecto de la Doctora Presidenta Claudia Sheinbaum es ambicioso, y tendrá grandes retos especialmente en materia de seguridad y combate a la violencia, la gran cuenta pendiente de la administración previa. La responsabilidad es mayor, siendo la primera mujer que está al frente de Poder Ejecutivo y la crítica usualmente vendrá cargada de un contexto patriarcal y machista.
Durante los primeros cien días de gobierno, la Presidenta Claudia Sheinbaum deberá de marcar el tono de su administración, con liderazgo, si bien manteniendo su línea de proyecto obradorista, pero generando su propio estilo de gobierno para los siguientes seis años.
El momento de la historia ya lo tiene, es la persona política con mayor preparación que llega a la Presidencia en la historia de México, mientras que la herencia de López Obrador, con sus aciertos y desaciertos, representa un terreno interesante para la continuidad del trabajo sin un atropellado proceso de transición.
Y desde la ciudadanía, podemos saborear el momento de vida democrática que vivimos. Son tiempos para mirar nuestro presente y futuro con objetividad, sin caer en sentimentalismos ni en el golpeteo fácil y flojo, porque si a la Presidenta le va bien, a México le va aún mejor.
Y creo que eso es algo que todas y todos queremos.




