Casi cinco años después, la historia de un linchamiento se repite en la pequeña comunidad de Tekit, Yucatán. Según registros periodísticos, en 2020, un hombre señalado por un presunto robo fue asesinado por la turba enardecida antes de entregarlo a las autoridades correspondientes. El hecho, claro está, causó conmoción incluso a nivel nacional y desató nuevamente la polémica acerca de si la gente tiene el derecho de actuar de esa manera cuando ya está harta de la falta de respuestas por parte de la autoridad en materia del combate a la inseguridad.
La Fiscalía General de ese estado abrió en aquel entonces la famosa y casi siempre inútil carpeta de investigación y anunció que habría castigo para los responsables de haber tomado la ley en sus manos. Nadie, que se sepa, fue encarcelado, juzgado o siquiera detenido por estos hechos.
Y decíamos que la historia se repite, porque el pasado 27 de enero, un joven se metió en la casa de una mujer de la tercera edad y la asesinó golpeándola con un palo en la cabeza. Alejandro A.C., alias “el Güero”, fue captado en video cuando salió corriendo del domicilio de la víctima y corrió por las calles de Tekit, aún con el arma homicida en sus manos. El muchacho, que tenía muy mala fama, incluso de haber asesinado a otra persona años atrás, fue detenido por la policía y subido a una patrulla.
Pero según consta en redes sociales, varios pobladores lo bajaron por la fuerza y comenzaron a golpearlo de manera brutal ante la impotencia, o quizás complacencia, de los uniformados. Como sucede en muchos de estos casos, alguien habrá gritado: “échenle gasolina… mátenlo… quémenlo…” Y así ocurrió. El “Güero”, que mató con un palo, murió con fuego.
Las autoridades yucatecas han dicho que no habrá impunidad y que castigarán a los responsables del linchamiento, más allá de si se pudiera justificar semejante acción. Yo, desde aquí, me atrevo a pensar que, a final de cuentas, pasará lo mismo que en la célebre obra del dramaturgo español Lope de Vega, publicada en el Siglo XVII, cuando la población enardecida del municipio de Fuenteovejuna, provincia de Córdoba, lincha al Comendador y a sus criados por supuestos abusos en contra de varias mujeres.
El juez a cargo del caso les dice a los reyes que, ante lo difícil de encontrar a los verdaderos culpables, solo hay de dos sopas: perdonar o matar a todo el pueblo de Fuenteovejuna. Los monarcas deciden indultar a la comunidad entera, que celebró con fiestas y homenajes a los gobernantes.
Colorín, colorado.




