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martes, marzo 31, 2026

Verónica Lezama: El rostro humano del nuevo Quintana Roo

En un tiempo donde los reflectores suelen buscar el escándalo y la frivolidad, es justo y necesario detenernos a mirar hacia donde realmente se está gestando una transformación silenciosa, pero profunda.

En días recientes, en mi espacio radiofónico De Domingo a Domingo, tuve el privilegio de compartir micrófonos con Verónica Lezama Espinosa, presidenta honoraria del DIF Quintana Roo.

Lo que ahí sucedió fue más que una entrevista: fue una revelación.

La de una mujer que, desde la sencillez y la congruencia, encarna con hechos el principio más puro del servicio público: dar sin esperar nada a cambio.

Verónica, hermana de la gobernadora Mara Lezama, es mucho más que un apellido. Es una gestora incansable de esperanza. Una mujer que no llegó al DIF por título o protocolo, sino por vocación, por convicción y, sobre todo, por amor.

Lo dijo con claridad en nuestro encuentro: “En nuestra casa, servir no era un acto de campaña, era un valor que se vivía todos los días.” Y es ahí donde comienza a entenderse la diferencia de fondo entre el pasado reciente y el presente transformador.

Porque sí, hay que decirlo con todas sus letras: el DIF estatal, durante muchos años, fue relegado al papel de escenario decorativo. En el mejor de los casos, fue una pasarela de eventos sociales sin alma. En el peor, una caja chica disfrazada de altruismo. Salvo contadas excepciones, el organismo que debía velar por los más vulnerables era utilizado como trampolín o negocio. Se hablaba de ayuda, pero no se daba. Se hablaba de justicia social, pero no se ejercía.

Bajo el liderazgo cálido, firme y cercano de Verónica Lezama, el DIF ha recuperado su espíritu, su función, y sobre todo, su dignidad. Ya no se trata de discursos, sino de acciones. Y acciones con nombre y rostro. Desde la atención a la niñez y los adultos mayores, hasta la rehabilitación de instalaciones olvidadas por la desidia y el abandono, el DIF hoy es el corazón palpitante del gobierno humanista con corazón feminista de Mara Lezama.

Y es que cuando el liderazgo nace desde la formación de valores, las decisiones no se toman desde la oficina, sino desde la empatía. Desde el primer día, Verónica junto a su hermana recorrió los 11 municipios, escuchó, diagnosticó, se arremangó y se puso a trabajar.

Donde antes había muros despintados, hoy hay murales con colores. Donde había patios con grietas, hoy hay espacios dignos. Donde había abandono, hoy hay atención personalizada.

Pero quizás el acto más simbólico y profundo de esta transformación fue lo vivido durante este 2025 en dos fechas fundamentales: el Día de Reyes y el Día del Niño y la Niña.

Verónica, con el respaldo total de su hermana Mara, orquestó una movilización sin precedentes: funcionarios, secretarios, subsecretarios, personal del gabinete entero salió de sus oficinas para ir hasta las comunidades más alejadas, llevando regalos, alegría y, sobre todo, presencia gubernamental real. No fue un evento para la foto. Fue un acto de justicia, de reparación simbólica a niñas y niños que, por generaciones, habían sido los grandes olvidados del sistema.

Muchos de esos pequeños jamás habían recibido un juguete, una rosca, un abrazo institucional. Y esa primera vez que lo vivieron, les cambió algo. Porque sí, en el detalle se repara el tejido social. En el abrazo que no se da, en el juguete que nunca llega, también se construye la percepción del futuro. Y hoy, gracias a esta nueva visión del DIF, se están sembrando semillas de esperanza donde antes había indiferencia.

Acciones como la campaña “Las niñas y los niños no se rompen” no son solo eslóganes. Son gritos de conciencia. Son recordatorios de que el verdadero progreso no se mide en cifras macroeconómicas, sino en la sonrisa de una niña que ahora tiene un espacio seguro donde crecer, jugar y soñar.

Esta transformación no sería posible sin la sinergia de dos mujeres que crecieron con los valores de doña María Elena y don Manuel, sus padres, quienes sembraron en ellas la semilla de la responsabilidad social. Mara, desde la gubernatura, y Verónica, desde el corazón social del gobierno, han demostrado que el poder, bien entendido, es herramienta de amor.

Hoy, Quintana Roo tiene un DIF con rostro, con corazón, con causa. Y ese rostro se llama Verónica Lezama Espinosa. No se trata de protagonismos, sino de resultados. No se trata de apellidos, sino de acciones. Y en una época donde la política necesita más humanidad y menos vanidad, figuras como la suya son el recordatorio de que sí se puede hacer gobierno con empatía, con ternura y con eficacia.

Porque cuando las mujeres lideran con el corazón, el Estado late diferente. Y hoy, en Quintana Roo, gracias a Mara y Verónica Lezama, el corazón del Estado está más vivo que nunca.

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