Por: Jorge Castro Noriega
En Quintana Roo ya no solo se vende playa, selva y paraíso. También se vende “puro aire”… y muchos están cayendo.
Los fraudes inmobiliarios van en aumento y han encontrado en este estado su hábitat ideal. El gobierno de Mara Lezama ha encendido las alarmas: detrás de muchas publicaciones en redes sociales que ofrecen casas, terrenos y desarrollos “envidiables”, se esconde una red bien armada de estafadores que saben disfrazarse de legalidad. Y lo más grave: en varios casos hay notarías, financieras e inmobiliarias metidas en el juego.
Durante sus audiencias públicas, la gobernadora ha revelado los dos fraudes más comunes. El primero: casas “recuperadas por bancos” que se venden a precios irresistibles. El comprador entrega dinero, recibe documentos que parecen legales… pero nunca la propiedad. Y encima, se queda con la deuda.
El segundo, se trata de invasión de terrenos que luego se ofrecen como “nuevos desarrollos” con calles, servicios y amenidades que existen solo en el folleto y en maquetas. No hay permisos ni validez legal y, al final, lo que compran los incautos es un pedazo de tierra en medio de la nada.
Estas prácticas no son nuevas, pero sí se han perfeccionado. Cancún y otras ciudades del estado llevan años viendo cómo crecen los cinturones de miseria por asentamientos irregulares vendidos con engaños. Familias que solo querían un espacio digno para vivir terminan atrapadas en casas endebles, sin agua potable, sin luz, sin drenaje, sin calles y sin certeza jurídica. Todo con la complicidad de gobiernos anteriores que lo permitieron y se hicieron de la vista gorda.
Hoy, el fraude inmobiliario ya no es un problema menor. Son decenas los casos reportados, y seguramente hay cientos más que no se denuncian por vergüenza, miedo o desconocimiento. Por eso el gobierno estatal y el federal están armando una respuesta conjunta.
Las instancias ya investigan a notarías y empresas implicadas, y recientemente se aprobó en el Congreso estatal una reforma para regular a los valuadores y acabar con el viejo truco de declarar ante notario precios inflados o disminuidos, que solo sirven para lavar dinero y evadir impuestos.
Pero esto no se resuelve solo desde el escritorio. Hay que estar alerta.
Antes de comprar cualquier propiedad, lo mínimo es revisar en la Sedatu y en el Registro Público de la Propiedad que todo esté en regla. No hay atajos seguros cuando se trata de tu patrimonio. Si algo suena demasiado bueno para ser verdad… probablemente sea mentira.
Y si ya caíste en el engaño, lo importante es denunciar. Porque solo con denuncias y presión social se podrá desmantelar esta maquinaria que se ha enriquecido vendiendo sueños… y entregando problemas.




