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martes, marzo 31, 2026

Las vans

Las vans, esos vehículos que prometen movilidad y conexión para locales y visitantes, se han convertido en una ruleta rusa sobre ruedas. La irresponsabilidad de muchos de sus choferes, cegados por la prisa o la negligencia, ha teñido de luto nuestras vías. Los accidentes mortales, cada vez más frecuentes, no son mera casualidad: son el fruto podrido de una cadena de descuidos que nadie parece dispuesto a romper.

Las vans, vitales para el transporte público en un estado donde el turismo es el corazón económico, recorren incansables la Riviera Maya, Cancún, Tulum y más allá. Pero, ¿qué tenemos? Choferes que manejan como si el tiempo fuera su enemigo mortal, adelantando en curvas, ignorando límites de velocidad, o peor aún, conduciendo bajo el influjo de la fatiga o sustancias que nublan el juicio. Las cifras no mienten: según reportes locales, los accidentes viales en Quintana Roo, muchos protagonizados por vans, se han disparado en los últimos años, como dos hechos relevantes que hemos visto en los últimos días en la avenida Tulum de Cancún y en la ruta 5, dejando un reguero de víctimas que no merecían tal destino.

¿Y qué hay detrás de esta tragedia recurrente? Una mezcla letal de factores. Por un lado, la presión de las empresas operadoras, que exigen a los choferes cumplir horarios imposibles para maximizar ganancias. Por otro, la falta de regulación estricta y de supervisiones efectivas. Las autoridades, que deberían ser el freno a esta locura, parecen estar de brazos cruzados, atrapadas en la burocracia o, en el peor de los casos, en la complacencia. ¿Cuántas licencias de conducir se otorgan sin un escrutinio real? ¿Cuántas vans circulan sin revisiones mecánicas adecuadas? La respuesta está en cada choque, en cada cruz al borde de la carretera.

Pero no todo es culpa de los choferes o las empresas. Como sociedad, también cargamos con nuestra parte. ¿Cuántas veces hemos subido a una van abarrotada, sin cinturones de seguridad, y guardamos silencio por no “hacer olas”? ¿Cuántas veces hemos normalizado que el chofer haga malabares con el volante mientras contesta el celular? La indiferencia colectiva nos hace cómplices. Exigir seguridad no es un lujo, es un derecho.

Es hora de que Quintana Roo despierte. Las autoridades deben endurecer las sanciones, implementar inspecciones rigurosas y garantizar que los choferes estén capacitados, descansados y conscientes de la responsabilidad que llevan en sus manos. Las empresas deben priorizar la vida sobre el lucro, y nosotros, los pasajeros, debemos alzar la voz. Porque cada accidente mortal no es solo una estadística; es una familia rota, un sueño truncado, una herida que no cierra.

Las vans no son el problema; son una herramienta. El verdadero mal está en la irresponsabilidad que las conduce. Si no actuamos ahora, las calles, avenidas y carreteras de Quintana Roo seguirán siendo un cementerio al aire libre, y la próxima víctima podría ser cualquiera de nosotros. ¿Vamos a esperar a que nos toque para hacer algo?

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