Por: Jorge Castro Noriega
En el tablero político de Quintana Roo, donde el oportunismo abunda y las lealtades se venden al mejor postor, hay un movimiento que avanza con paso firme y sin estridencias: el ‘marismo’. Bajo el liderazgo de Mara Lezama, esta corriente no sólo consolidó a Morena como fuerza dominante, sino que tejió una red de poder real, cercana a la gente y con resultados tangibles.
Mientras varios suspiran por candidaturas y sueñan con imposibles, el ‘marismo’ hace política a ras de suelo. Con el respaldo inquebrantable de Claudia Sheinbaum y la venia nacional, hoy controla los 11 municipios, el Congreso local y las posiciones clave en el estado, convirtiendo a Quintana Roo en un bastión guinda.
A diferencia de actores como Rafael Marín Mollinedo y Marybel Villegas, que giran sin brújula ni causa definida, el ‘marismo’ avanza sin improvisaciones. Marín, por ejemplo, sigue anclado a un pasado que ya no regresa, atado a la suerte de Andrés Manuel López Beltrán (“Andy”), quien ahora enfrenta investigaciones en Estados Unidos y ha dejado huérfanos a sus seguidores.
Mara Lezama, por su parte, ha consolidado una alianza directa con Sheinbaum y con perfiles estratégicos como Luisa María Alcalde. Para la presidenta, no hay espacio para chantajes ni para herencias tóxicas; necesita cuadros sólidos y leales. Y ahí, el ‘marismo’ aparece como el socio ideal: disciplinado, estructurado y con músculo territorial.
El ‘marismo’ no es un grupo de amigos que busca cargos, sino un proyecto con visión a largo plazo, que va más allá de 2027. La ciudadanía no respalda sólo por ideología, sino por resultados palpables: programas sociales, obras, y una sensación real de cercanía. La aprobación superior al 54% de Mara no es casualidad: se basa en hechos, no en retórica.
Mientras otros brincan de bando o se esconden tras figuras nacionales, el ‘marismo’ pisa firme y cosecha lealtad. Donde unos gritan, Mara ejecuta. Donde buscan reflectores, ella cosecha resultados.
El ‘marismo’ es hoy la expresión más auténtica y renovada de la 4T en Quintana Roo. Una corriente que Sheinbaum ve con simpatía porque garantiza estabilidad, continuidad y votos.
Y mientras algunos se distraen jugando a ser candidatos, Mara Lezama sigue construyendo un proyecto que hoy ya no nada más es suyo, sino del pueblo que la respalda.




