Por: Jorge Castro Noriega
Quintana Roo lleva más de una década librando la misma batalla: cada temporada, toneladas de sargazo tiñen de marrón sus playas y amenazan la joya más preciada del estado, el turismo. Pero esta vez, el guion cambió: el alga que por años fue enemiga declarada ahora es oficialmente un recurso pesquero. Sí, se acabó la espera pasiva a que llegara a la arena con olor y mala imagen incluidos. Ahora se podrá ir por ella directo en altamar.
La jugada se concretó el pasado 6 de agosto, con la publicación en el Diario Oficial de la Federación de la actualización de la Carta Nacional Pesquera. A partir del día siguiente, pescadores y empresas con permisos de Pesca de Fomento podrán salir con embarcaciones y bandas recolectoras a interceptar al sargazo en alta mar. El cambio no es menor: antes, la ley lo protegía como hábitat de peces y tortugas, impidiendo su extracción oceánica.
La medida llega respaldada por tecnología y músculo logístico. Ahí está el ARM Natans BSO-101, buque sargacero oceánico de la Marina, capaz de acopiar 250 toneladas y mantenerse en operación hasta cinco días sin tocar puerto. Detrás, un sistema de monitoreo satelital detecta las manchas flotantes con suficiente anticipación para organizar operativos y evitar que el alga toque la costa.
Pero lo verdaderamente interesante está en lo que se podrá hacer con él. El sargazo, lejos de ser basura, es materia prima para fertilizantes, biocombustibles, bioplásticos, fibras textiles, tintes, cosméticos, purificadores de agua, ladrillos y alimento para animales. Según estimaciones oficiales, entre 2018 y 2024 se acumularon entre 13 mil y 63 mil toneladas en las costas del Caribe mexicano. Y el potencial es todavía mayor: hasta 945 mil toneladas anuales podrían aprovecharse en alta mar.
Autoridades como SADER, CONAPESCA, IMIPAS y SEMARNAT ya trabajan en protocolos para que la captura sea sustentable y no afecte a la fauna asociada. Es un paso hacia una economía circular costera, donde lo que antes era sinónimo de crisis ahora podría convertirse en fuente de ingresos para comunidades pesqueras y empresas.
Queda mucho por hacer: inversión, innovación, mercado y cadenas de valor. Pero por primera vez en años, el sargazo deja de ser sólo una amenaza y se convierte en oportunidad.
Y en Quintana Roo sabemos bien cómo aprovechar el mar… incluso cuando llega en forma de visitante anual indeseable.




