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martes, marzo 31, 2026

A 20 años de Wilma: la fuerza de Quintana Roo

Hace veinte años, el huracán Wilma golpeó con furia las costas de Quintana Roo. Fue entre el 21 y el 23 de octubre de 2005 cuando este monstruo de categoría 5 tocó tierra y se estacionó durante más de 60 horas sobre el Caribe mexicano, descargando toda su fuerza sobre Cancún, Cozumel y Playa del Carmen antes de abandonar la península rumbo al Golfo de México.

En aquel entonces yo trabajaba para TV Azteca a nivel nacional, y ese año había tenido las asignaciones especiales para cubrir dos desastres previos: el huracán Katrina en Estados Unidos y el huracán Stan en Chiapas. Creí haber visto ya suficiente destrucción en el lapso de unos cuantos días. Me equivoqué.

Wilma no solo devastó hoteles, avenidas y playas; arrasó con la calma, con la rutina y con la ilusión de miles de familias que vivían y aún viven del turismo. Cancún y Playa del Carmen quedaron irreconocibles: postes retorcidos, calles inundadas, fachadas arrancadas de cuajo. También hubo momentos lamentables de rapiña y desorden, reflejo de la desesperación humana ante el caos.

Pero lo que más recuerdo no es la destrucción, sino lo que vino después. La respuesta. Apenas amainaron los vientos, cientos de hombres y mujeres salieron con palas, escobas y cubetas para limpiar lo que Wilma había dejado. Los hoteles reabrieron en tiempo récord. Los restauranteros cocinaron con lo que tenían. 

Los turistas que aún quedaban fueron atendidos con una sonrisa, como si nada hubiera pasado. Hay que reconocer también el esfuerzo titánico no solo de la Marina y el Ejército Mexicanos sino también de empleados de la Comisión Federal de Electricidad que trabajaron jornadas incansables para restablecer el servicio lo antes posible.

Esa capacidad de levantarse, de recomponer lo roto, define al pueblo de Quintana Roo. Lo vimos de nuevo en los años recientes, cuando las dos pandemias pusieron a prueba su resistencia. La gente resistió, se reinventó, siguió adelante. Lo mismo ante nuevas tormentas, ante la inflación o ante los altibajos del turismo.Hoy, dos décadas después, Wilma sigue siendo una herida y una lección. Nos recordó que la naturaleza puede derribarlo todo… menos la voluntad de quienes habitan este rincón del Caribe. Porque si algo ha demostrado Quintana Roo es que aquí ningún huracán —ni siquiera los invisibles— puede arrancarle su espíritu de lucha y prosperidad. Porque aquí, bellísimo Caribe mexicano, el sol siempre vuelve a salir.

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