Por Saira Muñoz Gámez | Análisis político para Periódico ESPACIO
En la lucha por recuperar la paz y cerrar el paso a la impunidad, las acciones hablan más que cualquier discurso. El operativo realizado el pasado 16 de noviembre en Benito Juárez es, sin duda, uno de los más contundentes en lo que va del año. No solo por la magnitud del decomiso, sino por lo que representa: una coordinación real entre los distintos niveles de gobierno bajo un liderazgo civil firme y sin titubeos.
Desde hace más de un año, la gobernadora Mara Lezama ha insistido en una consigna clara: “Ni un paso atrás en materia de seguridad”. Y esta semana, la Mesa Estatal de Seguridad —que ella encabeza todos los días a primera hora— mostró los resultados tangibles de esa determinación.
UN GOLPE ESTRUCTURAL, NO SIMBÓLICO
La captura de dos presuntos operadores del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el aseguramiento de un arsenal de guerra no es un hecho menor. Se trata de una operación quirúrgica que frenó, al menos por ahora, la distribución de armamento, equipo táctico y drogas que tenían como destino varios municipios de la región.
Treinta y dos armas largas con cargadores abastecidos, 125 cargadores adicionales, granadas, silenciadores, drones, chalecos antibalas y una gran cantidad de narcóticos: todo esto fue encontrado en dos vehículos interceptados por personal de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Quintana Roo y la Secretaría de Marina. Pero más allá de las cifras, este decomiso representa un mensaje claro: el Estado sí tiene capacidad de respuesta cuando hay voluntad política y coordinación efectiva.
LA MESA DE SEGURIDAD COMO MODELO DE RESPUESTA
Este operativo no fue producto de la casualidad ni de una denuncia aislada. Es resultado directo de una estrategia sostenida y documentada que ha priorizado la inteligencia, los recorridos preventivos y la presencia conjunta de fuerzas federales y estatales. La Mesa Estatal de Seguridad, impulsada desde el primer día de esta administración, ha evolucionado de ser un espacio de evaluación a convertirse en un verdadero centro de mando interinstitucional.
En este esquema, ha sido clave la conducción operativa del comisario general Julio César Gómez Torres, titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Quintana Roo, cuya participación activa ha permitido articular acciones tácticas de alto impacto con apego a derecho y coordinación plena con instancias federales.
CANCÚN, ZONA ESTRATÉGICA, RESPALDO TOTAL
La Zona Norte del estado —especialmente Cancún y Playa del Carmen— ha sido históricamente una de las más desafiantes en términos de presencia de células delictivas. Por ello, el hecho de que este aseguramiento ocurriera en Benito Juárez, y que haya sido ejecutado con éxito sin bajas ni confrontaciones, reafirma la consolidación de una táctica basada en inteligencia, no en improvisación.
La gobernadora ha sido insistente en blindar los destinos turísticos, pero también en devolverle la tranquilidad a las colonias. En ese sentido, este operativo representa una victoria significativa no solo para el aparato estatal, sino para miles de familias que exigen vivir sin miedo.
EL MENSAJE ES CLARO: QUINTANA ROO TIENE QUIEN LO DEFIENDA
El decomiso de más de treinta armas largas, granadas, metanfetamina y cocaína, gorras y chalecos con las siglas del CJNG y hasta drones, no es solo una cifra para la estadística. Es una señal contundente de que las instituciones están funcionando y que el crimen organizado no tiene permiso para operar impunemente en esta tierra.
La lucha por la seguridad es compleja, dolorosa y muchas veces ingrata. Pero cuando se ejecuta con seriedad, transparencia y coordinación —como ocurrió en este operativo— es justo reconocerlo. Y más aún, sostenerlo.
Hoy, la Mesa de Seguridad de Quintana Roo muestra que la transformación no solo es social y económica. También es institucional, y también se defiende en las calles.




