El pasado domingo 21 de septiembre, Cancún fue mucho más que sede del Primer Informe de Gobierno de Claudia Sheinbaum. El Malecón Tajamar se convirtió en escaparate político: mientras la presidenta rindió cuentas y estrechó su alianza con Mara Lezama, desfiló un auténtico ‘casting’ de aspirantes rumbo al 2027.
Frente a más de 15 mil asistentes, Sheinbaum mostró el músculo presidencial y, al mismo tiempo, tomó nota de quién busca escalar posiciones en Quintana Roo. En primera fila, con sonrisas calculadas y redes listas para difundir cada guiño, aparecieron Eugenio Segura, Ana Paty Peralta y Estefanía Mercado. “Gino” presume respaldo desde el Senado; Ana Paty trabaja para consolidar su liderazgo en Cancún; y Estefanía, con Playa del Carmen como base, apunta más allá de Solidaridad.
Otros aprovecharon el momento: Diego Castañón tanteando terreno para algo mayor aunque su meta inmediata sea una diputación; Jorge Sanén moviéndose en busca de Cancún; y Renán Sánchez Tajonar afianzando fuerza verde para Cozumel. Todos entendieron que la foto con la presidenta vale más que mil discursos.
En este tablero, la gran triunfadora fue Mara Lezama. Sheinbaum la destacó como pieza clave de la Cuarta Transformación y mandó un mensaje nítido: en Quintana Roo, el liderazgo femenino no es símbolo, es eje de poder. Quien aspire a competir necesitará, más que cercanía, verdadera lealtad y confianza con la gobernadora. Sin su aval, la puerta de 2027 luce cerrada.
Sheinbaum regresó a la Ciudad de México con un diagnóstico político fresco y dejó claro que Quintana Roo es pieza estratégica del “segundo piso” de la 4T. Para los locales, el mensaje fue contundente: se vale levantar la mano, pero la mirada que decide pasa primero por Palacio Nacional… con escala obligada en Chetumal.
La presidenta no vino con las manos vacías: comprometió el nuevo Hospital General de Chetumal para noviembre, rehabilitación de clínicas en Cancún y Playa, modernización de la vía a Isla Blanca a partir de 2026, más de 48 mil viviendas para familias vulnerables y nuevos espacios educativos. Obras que convierten discurso en hechos y refuerzan el vínculo con el estado.
Ahora, el reto es para quienes desfilaron en Tajamar: demostrar que no sólo saben sonreír a la cámara, sino convencer al electorado con trabajo probado. El mensaje fue sutil pero directo: sin resultados y sin legitimidad popular, no hay “casting” que alcance.




