A casi cuatro décadas de trayectoria, Alejandro Rosel se ha consolidado como una de las voces más influyentes del sureste: periodista, conductor, gerente de relaciones institucionales del Aeropuerto Internacional de Cancún y referente en análisis informativo. Su historia profesional —desde sus inicios en Mérida a los 12 años hasta convertirse en un “combo” entre medios y sector empresarial— revela una pasión genuina por informar, pero también un compromiso profundo con Cancún y con la responsabilidad social de comunicar.
“Yo no trabajo: disfruto lo que hago. Llevo 35 años haciendo lo que me gusta.”
—Alejandro, mucha gente conoce tu imagen pública, pero ¿qué hay detrás de tu trayectoria y tu pasión por comunicar?
Detrás hay muchos años de disfrutar la comunicación. Yo empecé a los 12 años, siempre con una cámara en la mano, grabando, tomando fotos, narrándolo todo. Crecí viendo a mi mamá leer el periódico y a Jacobo Zabludovsky en la televisión; yo jugaba a ser él, con audífonos y micrófonos improvisados. Desde entonces tuve claro qué quería hacer.
Lo que me ha movido es la preparación constante, consumir información, entenderla y explicarla. Por eso digo que no trabajo: disfruto lo que hago todos los días, desde muy temprano hasta muy tarde.
—Hoy cualquiera puede tomar una cámara y “dar noticias”. ¿Qué diferencia a un comunicador profesional?
Hay que diferenciar tres cosas: dar a conocer un hecho, hablar del hecho e informar. Son cosas totalmente distintas.
Cualquiera puede grabar un accidente o un evento. Pero para informar, hay que conocer todas las aristas. Un hecho siempre tiene varias versiones, varias causas, varios contextos.
No puedes decir “fue culpa del taxista” si no sabes qué ocurrió. Informar implica investigar, entender y luego comunicar con responsabilidad. Por eso siempre le digo a mis hijos y a mi audiencia: verifiquen antes de compartir.
—Eres originario de Mérida. ¿Cómo llegaste a Cancún y qué te hizo quedarte?
Nací, crecí y viví 39 años en Mérida. Amaba mi ciudad y siempre dije que no me movería. Rechacé varios trabajos fuera. Pero Cancún siempre estaba presente: veníamos de vacaciones, de fiesta, a ver amigos.
Un día, la empresa Asur decidió enviarme a un proyecto temporal en Cancún… y ya llevo 13 años aquí.
Cancún te adopta o te escupe, dicen. A mí me adoptó. Soy muy feliz aquí, mis hijos nacieron aquí y la ciudad me ha dado mucho. Por eso sigo y por eso tengo un enorme compromiso con esta tierra.
—Hoy combinas tu noticiero en SIPSE Noticias con tu trabajo en Asur. ¿Cómo logras equilibrar ambos mundos?
Tengo un noticiero matutino desde hace años. Me levanto a las 4:30 a.m., estoy al aire de 7:00 a 8:30, y después me voy al aeropuerto, donde soy gerente de relaciones institucionales. Vivo conectado a la información todo el día.
Siempre combiné medios con otra actividad. Trabajar 24/7 en comunicación desgasta mucho y económicamente, hay que decirlo, los medios locales no dejan. Así que complementarlo con Asur me ha permitido crecer profesionalmente y tener dos visiones del mundo real: la informativa y la empresarial.
“Hoy soy un combo: medios y empresa. Eso me permite entender mejor la realidad.”
—Trabajar en el Aeropuerto Internacional de Cancún implica grandes retos. ¿Qué significa estar al frente de la relación con turistas, autoridades y empresas?
Es prever, resolver y gestionar. El aeropuerto es una ciudad dentro de la ciudad, con un volumen enorme de viajeros y situaciones.
A veces me preguntan cómo aguanto a políticos, artistas, empresarios, turistas… y la respuesta es simple: lo hago porque me toca resolver. Siempre digo que prever evita problemas, y evitar problemas evita molestias.
Mi trabajo es lograr que el paso de la gente por las terminales sea lo mejor posible.
—A lo largo de tu carrera, ¿hay alguna anécdota que te haya marcado?
Muchísimas, pero una de las más fuertes fue durante las campañas presidenciales del 2000 y 2006.
Me tocó entrevistar a casi todos los candidatos: Labastida, Fox, Calderón. En aquella época yo tenía un doble rol: los entrevistaba en televisión y además coordinaba sus visitas en Mérida.
Recuerdo la cara de Vicente Fox cuando lo recibí en el aeropuerto, lo acompañé al set, lo senté y luego me senté yo a entrevistarlo. Me dijo: “¿Cómo, tú me recibiste y tú me entrevistas?”.
Y también guardo con mucho cariño mi relación con Felipe Calderón, a quien conocí más a profundidad gracias a esa campaña; incluso lo atendí ya siendo presidente cuando trabajaba en el gobierno estatal de Yucatán.
—Hablando de gobierno, trabajaste un tiempo con Ivonne Ortega. ¿Cómo fue esa etapa?
Trabajar con Ivonne fue espectacular. Le tengo un gran cariño. Pero lo que implica trabajar dentro del gobierno no es para mí. No tengo el carácter ni las ganas para eso.
Siempre he preferido ver la política desde afuera: informar, analizar, criticar, aportar.
He recibido invitaciones para participar en política, incluso aquí en Quintana Roo, pero siempre he dicho lo mismo: sirvo más desde donde estoy.
—Eres una voz crítica sobre la ciudad. ¿Qué te hace seguir en Cancún?
Cancún me adoptó, y eso obliga. Aquí nacieron y crecen mis hijos. Aquí me siento cancunense.
Creo que todos los que vivimos aquí tenemos que aportar. No es solo decir “Mara tiene la culpa” o “la presidenta municipal tiene la culpa”. También es preguntarte: ¿qué hago yo para que la ciudad funcione mejor?
Ceder el paso, respetar, ayudar… todo influye. Los políticos se van, nosotros nos quedamos. Si no cambiamos desde raíz, nada va a cambiar.
—¿Qué haces fuera del trabajo?
Duermo (poco entre semana), paso todo mi tiempo libre con mis hijos —jugar, bañarlos, llevarlos a la escuela, estar con ellos— y soy apasionado de las series.
Veo de todo: de narcos, de violencia, porque te muestran realidades que no puedes ignorar, pero también las de Navidad, esas donde ya sabes cómo acabarán. Me ayudan a apagar mi cabeza y desconectarme.




