A Claudia Sheinbaum no le tembló la mano.
Cuando anunció que enviaría una carta a la dirigencia de Morena para frenar las campañas anticipadas, no lo hizo por cortesía ni protocolo. Lo hizo para poner orden. Para dejar en claro que, aunque algunos crean que la sucesión de 2027 ya arrancó, el árbitro sigue siendo ella. Y que quien se adelante, se quema.
¿El motivo del manotazo? Una senadora que confundió entusiasmo con desobediencia. Andrea Chávez se lanzó en Chihuahua en un activismo electoral precoz que terminó por encender las alarmas en Palacio Nacional. No sólo comenzó su precampaña disfrazada de “labor social”, sino que lo hizo usando ambulancias que llevan su imagen, financiadas con recursos de dudosa procedencia. El nombre de Fernando Padilla Farfán, empresario ligado a Adán Augusto López -su cariñoso protector y generoso mecenas- aparece en el telón de fondo.
¿Casualidad? En política, las coincidencias son rarezas. Y este caso huele más a desafío que a descuido. Andrea se movía como si su brújula estuviera calibrada por otro centro de poder: el de Adán.
Pero la presidenta ya dejó claro que ese tipo de juegos no van. En la conferencia matutina del martes, fue contundente: “No se debe adelantar nada”. Detrás de esas palabras hay más que una postura ética. Hay cálculo político. Si permite que las campañas empiecen dos años antes, sin orden ni control, su liderazgo corre el riesgo de convertirse en un adorno decorativo.
El mensaje se reforzó ese mismo día desde Morena: Luisa María alcalde, dirigente nacional del partido, convocó a un Consejo Nacional para establecer reglas claras, lo que se lee como respaldo institucional a la línea trazada desde Palacio Nacional.
¿Y qué hizo la senadora tras el jalón de orejas? Lo de siempre: sonrió, dijo que “coincide” con la presidenta, y acto seguido publicó fotos junto a Gerardo Fernández Noroña, presidente del Senado y figura del círculo cercano a Sheinbaum y después fue captada en más que afectuoso abrazo con José Sabino Herrera, otro senador tabasqueño… pero más joven y tan adinerado como Adán.
Un gesto con destinatario claro: si Adán ya no le sirve, buscará otro padrino. Porque en política, el instinto de supervivencia siempre está encendido.
Este episodio no es menor. Es un aviso a todos los adelantados, dentro y fuera del gabinete, de que el control político en la 4T no está en subasta. Sheinbaum está dibujando el mapa del 2027, y lo hace desde ahora para evitar sorpresas después.
El juego sucesorio apenas empieza, pero la presidenta ya puso las reglas. Y quien las rompa, sabrá que en Morena todavía hay jefa.




